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BORGES ENTRE LA CIENCIA Y LA LITERATURA: UN HOMENAJE EN VILLA URQUIZA


Por Sebastián Damián Lachone. En Buenos Aires, la ciudad parece hablar en clave cuando se trata de Borges. A cuarenta años de su partida, las calles se llenan de señales: muestras, exposiciones, charlas y galerías de fotos que lo evocan desde distintas perspectivas. Entre esas huellas dispersas, elijo seguir una de ellas y me acerco al ciclo El Universo de Borges, que reúne a especialistas y público en el Centro Cultural 25 de Mayo, en Villa Urquiza.

El auditorio es una gran sala que recibe a un público diverso: familias enteras, grupos de jóvenes y adultos mayores. La entrada gratuita convoca a estudiantes, curiosos, vecinos del barrio y especialistas, todos mezclados en un mismo espacio, donde se escuchan entre las voces citas de sus obras y libros. Los asientos, sin numerar, se ocupan rápido y la expectativa se siente en el aire. Desde los balcones, la gente se asoma en busca de un lugar, mientras otros permanecen de pie en los pasillos, decididos a no perderse el homenaje. 

De pronto, se apagan las luces y se abre el telón. En el escenario, un monitor, un sillón de terciopelo, algunas sillas y una mesita ratona con agua, iluminados por una luz tenue, recrean la intimidad de un living. La atmósfera invita a escuchar, como si la conversación ocurriera en la sala de cualquier casa, pero con la magnitud de un homenaje colectivo. 

El encuentro no se presenta como una clase magistral cerrada, sino como una invitación abierta a explorar las resonancias científicas de Borges: los números transfinitos, las geometrías prohibidas y las paradojas. El físico y músico Alberto Rojo abre con "El infinito y el azar" y muestra cómo la ciencia late en la literatura. Su exposición confirma que la obra   borgeana no es un mero juego de fantasía, sino una forma de pensamiento abstracto que intuye teorías de vanguardia como la mecánica cuántica o los infinitos conjuntos mucho antes de que la ciencia las formalice. A través de metáforas como el laberinto y el infinito, Borges transforma paradojas áridas en herramientas de conocimiento, hace accesibles verdades universales mediante la poesía y disuelve la supuesta grieta entre letras y ciencias exactas. 

Luego, el doctor en física y filosofía Gastón Giribet nos coloca frente al vértigo de "Borges y la cuarta dimensión del espacio", un terreno que ya explora en sus libros. Lejos de la ciencia ficción, explica que el escritor incorpora nociones matemáticas sobre dimensiones superiores, como ocurre en "El libro de arena", para cuestionar la realidad, el tiempo y los límites de la cognición humana. Con ficción y geometría especulativa, la obra borgeana tiende un puente entre los interrogantes más abstractos de la física teórica y la filosofía. 

El cruce entre números y letras alcanza otro momento clave con Guillermo Martínez, que desde su formación en Lógica Matemática analiza la primera frase de "La Biblioteca de Babel". Martínez, autor de "Borges y la matemática", deja en claro que para el escritor argentino la lógica no es un accesorio, sino la arquitectura invisible de sus ficciones.

Hacia el final, de la mano de Guillermo Martínez y Silvia Hopenhayn, la obra de Borges se siente tan viva como siempre. Releerlo a cuatro décadas de su partida no es un gesto de nostalgia, sino una herramienta para entender nuestro presente y comprobar que la literatura y la ciencia forman un mismo espacio de conocimiento. El broche de oro llega con el intercambio final, cuando Hopenhayn retoma los ejes expuestos y tiende puentes entre las miradas de todos los invitados. 

No hace falta ser especialista para comprender la magnitud de lo ocurrido; basta con escuchar cómo la física teórica y la literatura se unen. Afuera continúa el invierno, pero el universo borgeano se expande en el interior con la certeza de que, tal como sucede en sus cuentos, la realidad siempre permite una historia alternativa.

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ESTACIÓN RETIRO: DONDE NADIE SE QUEDA


Por Luciano Lovecky. Apenas se atraviesan las puertas de la estación de Retiro, el ruido cambia. Afuera quedan los colectivos, las bocinas y el movimiento de la avenida. Adentro aparece otro sonido: ruedas de valijas que golpean contra el piso, anuncios por los parlantes, pasos apurados y voces que se mezclan sin terminar de escucharse.

Son las primeras horas de la tarde y la estación está llena. Algunos miran el tablero de horarios como si esperaran encontrar una respuesta diferente a la que ya conocen. Otros permanecen sentados sobre sus bolsos. Hay quienes comen algo rápidamente antes de subir al tren y quienes simplemente esperan.

Retiro es, para muchos, un lugar de paso. Pero durante el tiempo de espera se convierte en una pequeña ciudad.

Una mujer sostiene a su hijo de la mano mientras busca el andén correspondiente. Un hombre mayor pregunta por un horario. Una pareja discute en voz baja sobre si tienen todos los bolsos. Cerca de ellos, un vendedor ambulante camina entre los pasajeros ofreciendo productos.

—Medias, cargadores, caramelos, tres por mil —repite.

Su voz aparece y desaparece entre el murmullo general. Camina unos metros, se detiene, muestra la mercadería y continúa. No parece tener demasiado tiempo para conversar. En una estación donde todos esperan algo, él también tiene su propia urgencia: vender antes de que salga el próximo tren.

Los vendedores ambulantes forman parte del paisaje cotidiano de Retiro. Algunos llevan bolsos pequeños; otros cargan mochilas o cajas. Ofrecen desde alimentos y bebidas hasta accesorios para celulares. Conocen los horarios de mayor movimiento y también saben reconocer a quienes están dispuestos a detenerse.

“Hace años que vengo. Acá siempre hay gente. Algunos compran porque necesitan algo y otros porque ven que lo tenés barato”, cuenta uno de ellos mientras acomoda su mercadería.

A pocos metros, una joven espera sentada sobre una valija. Tiene los auriculares puestos y mira el teléfono. Cada tanto levanta la cabeza para observar el tablero. Su tren todavía no aparece.

—¿Hace mucho esperás?

—Casi una hora. Vine con tiempo porque prefiero esperar acá antes que perder el tren.

Como ella, cientos de pasajeros convierten la espera en una rutina. El celular es el compañero más frecuente. Se revisan mensajes, redes sociales, horarios, mapas. Algunos miran videos. Otros hacen llamadas. También están quienes aprovechan esos minutos para dormir.

Un hombre de unos cincuenta años está sentado solo, con una mochila apoyada entre sus pies. Viaja hacia el interior del país.

—Voy a visitar a mi hermana. Hace bastante que no la veo —dice.

Habla tranquilo, como si el viaje fuera mucho más importante que la estación. Para él, Retiro es apenas el comienzo de algo que sucede lejos de Buenos Aires.

Esa es una de las particularidades del lugar: cada pasajero llega con una historia distinta.

Hay quienes viajan por trabajo, quienes regresan a sus casas, quienes van a visitar familiares y quienes parten de vacaciones. Algunos conocen perfectamente la estación y se mueven con seguridad. Otros miran los carteles varias veces antes de decidir hacia dónde caminar.

El movimiento aumenta cuando anuncian la llegada de un tren.

De repente, los pasajeros se levantan. Las valijas empiezan a avanzar. Los vendedores cambian de posición. Las familias se agrupan. Los que estaban distraídos con el teléfono guardan rápidamente sus pertenencias.

Durante unos minutos, todo parece acelerarse.

Después, el tren parte.

Y la estación vuelve a respirar.

Quedan algunos pasajeros esperando el próximo servicio, vendedores que continúan caminando y trabajadores que siguen con su rutina. En uno de los bancos, una mujer abre una botella de agua. En otro, un joven duerme con la cabeza apoyada sobre su mochila.

Retiro no se detiene. Cambian las caras, cambian los trenes y cambian los destinos, pero la escena vuelve a repetirse.

Quizás esa sea la verdadera identidad de la estación: nadie permanece demasiado tiempo, pero durante unos minutos todos forman parte del mismo paisaje.

Un vendedor ofrece su mercadería. Un pasajero mira el reloj. Una familia busca un andén. Alguien se despide. Otro llega.

El próximo tren está por salir.

Y otra vez, todos se ponen en movimiento.

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VIERNES DE FERIA: UNA RUTINA DE COMPRAS EN EL PARQUE CHACABUCO


Por Facundo Fernández Machi. Cada viernes a las 8 de la mañana, la cuadra de Emilio Mitre entre la Avenida Asamblea y Salas cambia por completo. El tránsito habitual se corta y aparecen los camiones, las estructuras metálicas y los gazebos grises y amarillos de la Feria Itinerante de Abastecimiento Barrial (FIAB). El comienzo está marcado dos horas antes, por el ruido de los caños contra el piso, los motores de los camiones térmicos y los feriantes apurados por descargar antes de que lleguen los primeros clientes de la zona.

El movimiento de vecinos es constante desde temprano, y las opiniones sobre el marcador están divididas entre la practicidad y el debate por los precios. “Vengo a las nueve porque a esa hora el pescado está intacto y no hay tanta fila”, cuenta Marta, jubilada y vecina de la calle Miró. Ella camina directo al puesto de pescadería buscando la merluza en promoción. “Hay que saber elegir. El camión de lácteos y fiambres tiene precios económicos, pero en la verdulería si te descuidás pagás lo mismo o más que en cualquier supermercado”.

Detrás de los mostradores, la feria es un oficio de resistencia climática y rutina estricta. José, que atiende uno de los puestos principales de frutas y verduras, explica su jornada mientras acomoda las verduras para darle vista a su mercadería: “Nosotros arrancamos a las cuatro de la mañana cargando todo en el Mercado Central. Estar en la calle tiene su costo; la gente cree que al no pagar un alquiler de local todo debería valer la mitad, pero el mantenimiento de los camiones, el hielo, la logística y el canon a la Ciudad también pesan”. Al lado, un cliente habitual que recorre los puestos comenta: “Nosotros venimos por la comodidad de tenerlo frente al parque, además de cómo te atienden. Siempre tienen buena predisposición, te explican los precios y si les preguntás por algún producto te orientan. Eso se agradece”.

El perfil de los compradores cambia drásticamente cerca del mediodía. Los carritos cargados de los madrugadores dan paso a gente más joven, estudiantes y trabajadores de la zona que caminan entre los stands con el celular en la mano. “Aprovecho el viernes porque con la aplicación de las ferias o pagando con algunas billeteras virtuales tengo reintegros y descuentos”, comenta Santiago, vecino de la Avenida Directorio, mientras espera para comprar un kilo de queso fresco en el camión de lácteos. “Para el laburante que pasa rápido, resuelve el almuerzo o el gasto del fin de semana sin dar vueltas”.

Hacia las 14 horas, los precios bajan mientras buscan vender los últimos productos de la jornada. “¡Últimos tres kilos de mandarina por tres mil pesos!”, resuena en la vereda mientras los feriantes empiezan a limpiar las balanzas y a apilar los cajones vacíos. Para las tres de la tarde, las mangueras limpian el asfalto, los camiones arrancan hacia su próximo destino y la calle Emilio Mitre vuelve a ser la de todos los días, dejando el espacio listo para las ferias artesanales o gastronómicas que copan el Parque Chacabuco durante el fin de semana.

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EL SUEÑO DE SER PROFESIONAL EN EL TENIS

Por Giuliano Capozzi. Volví al club luego de un largo tiempo y me encontré con la misma familiaridad de siempre, la calidez de las voces conocidas, el olor a polvo de ladrillo recién regado y el sonido de las pelotas contra las cuerdas de las raquetas. Son las tres de la tarde y a pesar de que es invierno, el sol hace notar su presencia en un día agradable para jugar al tenis en el Club Atlético Comercio.

En este horario se realiza el primer turno de entrenamiento. Al caminar rumbo a las canchas, me encontré con Tomás y Benjamín, compañeros de mi etapa como jugador. Ambos entraban en calor, elongando y haciendo los ejercicios preventivos para activar el cuerpo, con una concentración de quien repite esa rutina desde hace años. Al verme, Benjamín me recibió con una sonrisa, con ganas de conversar tras tanto tiempo.

Benjamín, tiene 19 años, entrena todos los días con el fin de dedicarse profesionalmente en el futuro, aunque reconoce que es un deporte que requiere equilibrio en la parte mental: "Fui un tiempo al psicólogo, pero lo dejé. Igualmente lo recomiendo porque a veces hay situaciones desde afuera que se ven de forma muy clara y quizás desde adentro no sabes qué hacer". 

Luego, me acerqué a la zona de las parrillas, donde estaba Tomás con su raquetero Babolat, colocándose una vincha para que el pelo largo y ondulado no lo moleste mientras juega. Lo tomé por sorpresa y cuando me vio, dejó sus cosas a un costado y se tomó un tiempo para hablar. A sus 20 años, socio del club desde su infancia, disfruta pasar tiempo allí: "Me encanta venir acá, lo siento como si fuera mi casa". También hizo referencia a lo que está trabajando para mejorar: "Me estoy concentrando en ser más efectivo e intentar jugar más cansado, con el objetivo de pasar la mayor cantidad de bolas posibles". Ese entusiasmo, sin embargo, convive con una realidad distinta, la cual me describiría Cristian más adelante.

Mientras me despedía, llegaban canastos con pelotas y más chicos a las canchas para empezar la práctica. Junto a ellos aparecieron redes y conos para realizar distintos ejercicios tácticos tanto para variar las direcciones como las alturas en el juego. Se utilizaron dos canchas con cuatro personas en cada una. Me quedé un rato y noté una gran intensidad, con vistas a los próximos torneos. Una vez terminados los trabajos, comenzaron a hacer puntos con el foco de aplicar lo trabajado en el día. 

Finalizado el entrenamiento, los chicos salieron y de forma rápida se cambiaron el calzado para empezar la parte física. Algunos recuperaban energías con geles, frutas y bebidas isotónicas. Cinco minutos después, acompañados por el preparador físico, subieron la escalera para ir al gimnasio y continuar los trabajos.

Tiempo más tarde, fui a saludar a Cristian, director de la Academia de Alto Rendimiento y uno de mis entrenadores durante años. "Hola negrito, ¿qué hacés por acá?", me comentó, sorprendido por verme. Apurado por dejar todo listo para el próximo turno, hablamos poco, pero lo que alcanzó a contarme generaba cierto contraste respecto a lo que me habían comentado Tomás y Benjamín: "Hay poca tolerancia a la frustración. En la menor complejidad los chicos se descontrolan, eso hace que se desmotiven y a la larga dejen de jugar". 

También destacó la importancia económica que requiere el camino al profesionalismo: "Hay entrenamientos que van desde los $200.000 a $800.000 pesos mensuales dependiendo si es medio turno o completo, más el trabajo físico que es aparte". Esto muestra las dificultades del camino a medida que el objetivo se acerca. 

Una vez terminada la charla, lo saludé y caminé hacia la salida. Afuera, el sol caía de a poco, pero las pisadas en el polvo de ladrillo seguían, las indicaciones de los profesores a los jugadores y el sonido de las pelotas en las cuerdas de las raquetas todavía se escuchaban a lo lejos.

Esto es un poco de la realidad que viven aquellos chicos que quieren llegar lejos en este deporte. Detrás de la preparación, el sacrificio, la frustración y lo económico, hay un sueño que espera hacerse realidad.

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AQUÍ ESTÁN LOS BLOGS 2023 DE PERIODISMO DIGITAL UMSA


Bienvenidos los nuevos blogs. Ambiciosas propuestas periodísticas para exponer y desarrollar contenidos informativos innovadores y novedosos. Todos invitados a ver, leer y disfrutar. A continuación los links a las dos iniciativas (medios) de información general desarrollados por los estudiantes UMSA. Mirá:

Central Redacción:

https://centralredaccion.wordpress.com/

Blog de grupo conformado por Bartolini, Furst, Hernández y Walter

BreakingNewsAr:

https://breakingnewsar.wordpress.com

Blog del grupo conformado por Pintos, Oranges, Ludueña, Vicente

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AQUÍ ESTÀN LOS BLOGS 2022 DE PERIODISMO DIGITAL UMSA



A continuación links a los blogs desarrollados por estudiantes de Periodismo Digital en UMSA en 2022. Propuestas periodísticas que ofrecen buena información y contenidos que invitan a viajar y conocer. Todos invitados a entrar para ver y disfrutar. "A comerse el mundo", "UMSAblog" y "Enfoque Noticias" son los títulos de las tres iniciativas. 


"A comerse el mundo", 

https://acomerseelmundo23160057.wordpress.com/

"UMSAblog" y 

https://umsa.home.blog/

"Enfoque Noticias"

https://enfoquenoticiascom.wordpress.com/

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BIENVENIDOS LOS BLOGS 2021


Bienvenidos los Blogs 2021 de Periodismo Digital UMSA. Los estudiantes de Periodismo de la UMSA avanzan en su formación y desde la materia Periodismo Digital, han desarrollado las siguientes propuestas periodísticas. Cultura, tiempos de pandemia, sociedad: son algunas de las temáticas abordadas en estas ambiciosas e interesantes iniciativas.

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Todos los blogs de los estudiantes de Periodismo Digital en UMSA



Desde el año 2017, los estudiantes de Periodismo de la Universidad del Museo Social Argentino (UMSA), en la materia Periodismo Digital (cuatrimestral y a cargo del profesor Sebastián Di Domenica), desarrollan un medio de comunicación digital (blog) en el que publican notas periodísticas que abordan e indagan en diversas y variadas temáticas de actualidad. Enfocados en la cultura, en las problemáticas locales, en la política, en el deporte o en la ciudad, los estudiantes logran propuestas de gran interés y experimentación, ya que cada nota plantea novedosos planteos de narrativa digital a partir de las diferentes herramientas disponibles. A continuación los blogs del 2017, 2018 y 2019. Mucho para ver y leer.