Copyrights @ Journal 2014 - Designed By Templateism - SEO Plugin by MyBloggerLab

, ,

VIERNES DE FERIA: UNA RUTINA DE COMPRAS EN EL PARQUE CHACABUCO

Share

Por Facundo Fernández Machi. Cada viernes a las 8 de la mañana, la cuadra de Emilio Mitre entre la Avenida Asamblea y Salas cambia por completo. El tránsito habitual se corta y aparecen los camiones, las estructuras metálicas y los gazebos grises y amarillos de la Feria Itinerante de Abastecimiento Barrial (FIAB). El comienzo está marcado dos horas antes, por el ruido de los caños contra el piso, los motores de los camiones térmicos y los feriantes apurados por descargar antes de que lleguen los primeros clientes de la zona.

El movimiento de vecinos es constante desde temprano, y las opiniones sobre el marcador están divididas entre la practicidad y el debate por los precios. “Vengo a las nueve porque a esa hora el pescado está intacto y no hay tanta fila”, cuenta Marta, jubilada y vecina de la calle Miró. Ella camina directo al puesto de pescadería buscando la merluza en promoción. “Hay que saber elegir. El camión de lácteos y fiambres tiene precios económicos, pero en la verdulería si te descuidás pagás lo mismo o más que en cualquier supermercado”.

Detrás de los mostradores, la feria es un oficio de resistencia climática y rutina estricta. José, que atiende uno de los puestos principales de frutas y verduras, explica su jornada mientras acomoda las verduras para darle vista a su mercadería: “Nosotros arrancamos a las cuatro de la mañana cargando todo en el Mercado Central. Estar en la calle tiene su costo; la gente cree que al no pagar un alquiler de local todo debería valer la mitad, pero el mantenimiento de los camiones, el hielo, la logística y el canon a la Ciudad también pesan”. Al lado, un cliente habitual que recorre los puestos comenta: “Nosotros venimos por la comodidad de tenerlo frente al parque, además de cómo te atienden. Siempre tienen buena predisposición, te explican los precios y si les preguntás por algún producto te orientan. Eso se agradece”.

El perfil de los compradores cambia drásticamente cerca del mediodía. Los carritos cargados de los madrugadores dan paso a gente más joven, estudiantes y trabajadores de la zona que caminan entre los stands con el celular en la mano. “Aprovecho el viernes porque con la aplicación de las ferias o pagando con algunas billeteras virtuales tengo reintegros y descuentos”, comenta Santiago, vecino de la Avenida Directorio, mientras espera para comprar un kilo de queso fresco en el camión de lácteos. “Para el laburante que pasa rápido, resuelve el almuerzo o el gasto del fin de semana sin dar vueltas”.

Hacia las 14 horas, los precios bajan mientras buscan vender los últimos productos de la jornada. “¡Últimos tres kilos de mandarina por tres mil pesos!”, resuena en la vereda mientras los feriantes empiezan a limpiar las balanzas y a apilar los cajones vacíos. Para las tres de la tarde, las mangueras limpian el asfalto, los camiones arrancan hacia su próximo destino y la calle Emilio Mitre vuelve a ser la de todos los días, dejando el espacio listo para las ferias artesanales o gastronómicas que copan el Parque Chacabuco durante el fin de semana.