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EL SUEÑO DE SER PROFESIONAL EN EL TENIS

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Por Giuliano Capozzi. Volví al club luego de un largo tiempo y me encontré con la misma familiaridad de siempre, la calidez de las voces conocidas, el olor a polvo de ladrillo recién regado y el sonido de las pelotas contra las cuerdas de las raquetas. Son las tres de la tarde y a pesar de que es invierno, el sol hace notar su presencia en un día agradable para jugar al tenis en el Club Atlético Comercio.

En este horario se realiza el primer turno de entrenamiento. Al caminar rumbo a las canchas, me encontré con Tomás y Benjamín, compañeros de mi etapa como jugador. Ambos entraban en calor, elongando y haciendo los ejercicios preventivos para activar el cuerpo, con una concentración de quien repite esa rutina desde hace años. Al verme, Benjamín me recibió con una sonrisa, con ganas de conversar tras tanto tiempo.

Benjamín, tiene 19 años, entrena todos los días con el fin de dedicarse profesionalmente en el futuro, aunque reconoce que es un deporte que requiere equilibrio en la parte mental: "Fui un tiempo al psicólogo, pero lo dejé. Igualmente lo recomiendo porque a veces hay situaciones desde afuera que se ven de forma muy clara y quizás desde adentro no sabes qué hacer". 

Luego, me acerqué a la zona de las parrillas, donde estaba Tomás con su raquetero Babolat, colocándose una vincha para que el pelo largo y ondulado no lo moleste mientras juega. Lo tomé por sorpresa y cuando me vio, dejó sus cosas a un costado y se tomó un tiempo para hablar. A sus 20 años, socio del club desde su infancia, disfruta pasar tiempo allí: "Me encanta venir acá, lo siento como si fuera mi casa". También hizo referencia a lo que está trabajando para mejorar: "Me estoy concentrando en ser más efectivo e intentar jugar más cansado, con el objetivo de pasar la mayor cantidad de bolas posibles". Ese entusiasmo, sin embargo, convive con una realidad distinta, la cual me describiría Cristian más adelante.

Mientras me despedía, llegaban canastos con pelotas y más chicos a las canchas para empezar la práctica. Junto a ellos aparecieron redes y conos para realizar distintos ejercicios tácticos tanto para variar las direcciones como las alturas en el juego. Se utilizaron dos canchas con cuatro personas en cada una. Me quedé un rato y noté una gran intensidad, con vistas a los próximos torneos. Una vez terminados los trabajos, comenzaron a hacer puntos con el foco de aplicar lo trabajado en el día. 

Finalizado el entrenamiento, los chicos salieron y de forma rápida se cambiaron el calzado para empezar la parte física. Algunos recuperaban energías con geles, frutas y bebidas isotónicas. Cinco minutos después, acompañados por el preparador físico, subieron la escalera para ir al gimnasio y continuar los trabajos.

Tiempo más tarde, fui a saludar a Cristian, director de la Academia de Alto Rendimiento y uno de mis entrenadores durante años. "Hola negrito, ¿qué hacés por acá?", me comentó, sorprendido por verme. Apurado por dejar todo listo para el próximo turno, hablamos poco, pero lo que alcanzó a contarme generaba cierto contraste respecto a lo que me habían comentado Tomás y Benjamín: "Hay poca tolerancia a la frustración. En la menor complejidad los chicos se descontrolan, eso hace que se desmotiven y a la larga dejen de jugar". 

También destacó la importancia económica que requiere el camino al profesionalismo: "Hay entrenamientos que van desde los $200.000 a $800.000 pesos mensuales dependiendo si es medio turno o completo, más el trabajo físico que es aparte". Esto muestra las dificultades del camino a medida que el objetivo se acerca. 

Una vez terminada la charla, lo saludé y caminé hacia la salida. Afuera, el sol caía de a poco, pero las pisadas en el polvo de ladrillo seguían, las indicaciones de los profesores a los jugadores y el sonido de las pelotas en las cuerdas de las raquetas todavía se escuchaban a lo lejos.

Esto es un poco de la realidad que viven aquellos chicos que quieren llegar lejos en este deporte. Detrás de la preparación, el sacrificio, la frustración y lo económico, hay un sueño que espera hacerse realidad.