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VIOLENCIA DE GÉNERO: DATOS ALARMANTES Y UNA HISTORIA DRAMÁTICA

Por Agustina Bartolini y Romina Furst. Comenzó la semana luego de las vacaciones de invierno, en el mes de agosto hace más de una década. Primer día de clases luego del receso, X. llevó a sus hijos al colegio. Los miró entrar a la escuela como todas las mañanas y pensó en arrancar su día. Pero en la esquina vio algo raro, un señor parecía esperar impacientemente. Hasta que no estuvo cerca, no lo reconoció. “Te dije que te iba a matar, h de p”, le dijo cuando la tomó del brazo por la fuerza. Ese fue el momento en el que supo que ese hombre era su ex marido.

Dato: alrededor del 70 % de las mujeres del mundo experimenta algún tipo de violencia en el transcurso de sus vidas y el 35% de ellas sufre violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental en algún momento. Sus consecuencias pueden ser de largo alcance, incluso permanentes.

En ese momento él sacó un arma de una bolsa y le disparó dos veces en el pecho pero ella logró escaparse, mientras corría nuevamente hacia el colegio.  Él tiró nuevamente y acertó, esta vez en su espalda. Después guardó el arma y se fue.

Hasta que llegó la policía, X. no recuerda qué más sucedió, pero al ver al primer oficial y antes de desmayarse pudo revelarle quién le había disparado y dónde podían encontrarlo. Mientras, en la escuela, buscaban a uno de sus hijos para avisarle lo que había sucedido: “¿Fue mi papá, no?”, ¿La mató, no?”, la maestra no supo qué responder. Luego, X. estuvo internada más de 15 días en terapia intensiva por una fractura en las costillas y ruptura de un pulmón. Más tarde, la Justicia determinó que las heridas eran suficientes “para producirle la muerte” pero que la cirugía por la que había pasado la salvó. 

Dato: en Argentina, la violencia contra las mujeres ha causado la muerte de, por lo menos, 2.679 mujeres, adolescentes y niñas en los últimos diez años. Eso significa que cada 30 horas hay un femicidio.

El principio del fin

La primera denuncia que X. hizo contra su pareja en la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia de la Nación fue en abril de 2009: “Cuando él llegó de llevar a los chicos al colegio, encontró un mail y se comió que yo estoy saliendo con alguien. A partir de ahí empezó a pegarme patadas y trompadas para que le contara del mail. (...) El tipo me hace lo que quiere, me mata como quiere y no se entera nadie. Hasta me cortó con un cuchillo. Me tiraba con cuchillos como si yo fuera un blanco, me encerró en la casa, me encerró en el cuarto, me sacó la cartera, me sacó el celular. Me tuvo encerrada desde la una hasta las once y pude salir cuando vino la policía, que vino dos veces. La primera vez me tapó la boca para que no me escucharan y la segunda pude gritar y salir”.

La jueza dispuso una orden de restricción de acercamiento para su pareja por 90 días, pero ella denunció  que no la cumplía: llamaba a la casa de su madre, donde se había refugiado con sus hijos, y la amenazaba. Por eso se prorrogó la prohibición de contacto en varias ocasiones pero él seguía sin respetarla. Una vez, la persiguió hasta la puerta del colegio, le acercó los dedos a la sien y dijo pum. Después, le dio una advertencia: “Estás muerta, sos boleta, tu vida vale 100 pesos”. Por la cantidad de las denuncias, el fiscal presentó un requerimiento de juicio por “hostigamiento”. La pareja de X. fue condenada a un año y seis meses de prisión en suspenso. Se enteró dos semanas antes de intentar matarla.

Dato de cierre: las sobrevivientes necesitan tener la certeza de que sus casos serán investigados, calificados y juzgados con perspectiva de género, por funcionarios y funcionarias judiciales con la formación y la capacidad imprescindibles para conocer las desigualdades históricas que existen entre ambos géneros, la construcción social de los roles asignados a cada uno e interpretar el particular entramado de la violencia doméstica.

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VIOLENCIA DE GÉNERO EN PANDEMIA: PEDIR AYUDA A TIEMPO


Por Alejandra Martínez y Santiago Celli. A raíz del Aislamiento, Social, Preventivo y Obligatorio para mitigar los efectos del Covid 19, la cantidad de casos de violencia de género y femicidios en el país aumentó. Tal es el caso de L. P., una joven mujer que sufrió durante años diversos maltratos psicológicos, pero que en el encierro, casi sin darse cuenta, se convirtió en víctima de una grave escalada de violencia, en la distancia con su familia. 

Una tarde gris de otoño salió a comprar unas verduras, apuraba el paso, sabía claramente que si se demoraba sería suficiente argumento para que su pareja le propinara una golpiza. La mirada al piso, procurando no olvidar nada de lo que debía comprar para evitar salir una vez más, eso también podría ser motivo de una discusión. Seguramente por eso la sorprendió la voz que le resultó familiar y que no escuchaba desde hace mucho tiempo. Se asombró de ver a su amiga de la adolescencia, por un momento la invadió la alegría, pero instantes después, tomó conciencia de lo que podía ocurrirle y los nervios la dominaron. La amiga la conocía lo suficiente para advertir que algo fuera de lugar ocurría. Insistió en que le comentara lo que estaba pasando, L.P. solo le dijo algunas cosas, no hacía falta más, comprendió el horror que estaba viviendo. Le insistió en que pidiera ayuda. Le dio un número de teléfono, le dijo que lo repitiera, que lo grabara en su memoria. Son solo tres números uno, cuatro, cuatro. 

Actualmente, El Gobierno Nacional difunde la línea de atención 144. Esta línea posee su centro de operaciones en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Desde allí, cuando se recepciona un llamado proveniente de cualquier parte del país, se asesora a la usuaria indicándole los recursos que posee para solicitar ayuda. Desde allí se comunican con los diferentes organismos provinciales a efectos de articular la atención correspondiente. A veces la policía, otras la justicia, un área de salud o el organismo competente en materia de derechos de mujeres y diversidad. En esta última institución (cada provincia tiene sus particularidades, en el caso de Jujuy, lugar de origen de la joven de referencia, cuenta con dispositivos distribuidos en todo el territorio) un equipo interdisciplinario constituido por profesionales de la abogacía, psicología y trabajo social asiste y contiene a mujeres en situación de violencia.

L.P., una mañana después de recibir una paliza que la dejó con un ojo cerrado y sangre que corría desde su labio inferior se decidió, había quedado sentada en una silla apretando la cara contra las piernas, no podía retener las lágrimas que caían sin parar mientras escuchaba la voz que le decía: ¡mirá lo que me hacés hacer!, siempre me ponés mal. Escuchó la puerta cerrarse, esperó un momento para asegurarse que no volviera, se incorporó, fue hasta un viejo aparador, introdujo la mano entre unas tazas, tomó el celular que casi nunca ocupaba. Lo encendió, había solo un par de líneas de batería, marcó uno, cuatro, cuatro, apretó el teléfono contra su cara, sonó una y otra vez, una voz con una tonada foránea respondió. Pensó que no estaba bien el número, pero se tranquilizó, recibió el compromiso que llamarían a Jujuy para solicitar la ayuda correspondiente. 

Fueron tres o cuatro minutos, los que pasaron entre esa comunicación y el ringtone del celular. Se estremeció, lo dejó sonar algunas veces, atendió. - Hola, mi nombre es Daniela Yazlle, soy psicóloga del Centro de atención del Consejo de la mujer, ´hemos tomado conocimiento de la situación por la que estás atravesando y queremos que sepas que estamos a tu disposición. ¿Querrías venir hasta nuestro Centro o preferís que vayamos hasta donde te encuentres? Ella se sintió aliviada, no estaba sola. El tiempo que vino fue para repararse. Pronto la justicia dispuso las medidas correspondientes para garantizar su seguridad. También fue un nunca más personal. Allí comprendió que las mujeres tienen derecho a vivir una vida libre de violencias.