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VOTACIÓN EN PANDEMIA: VIVENCIAS INOLVIDABLES

El 12 de septiembre se realizaron en todo el país las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias para elegir a los candidatos de las próximas elecciones legislativas 2021. Fue un acto eleccionario diferente a todos los anteriores, porque se llevó a cabo en el contexto de una pandemia y a partir de protocolos especiales. A continuación algunas crónicas en primera persona sobre las experiencias vividas en el día de votación. 

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Los mayores tienen prioridad

Por M. Clara Fernández

El CUI (Centro Universitario de idiomas), ubicado en Junín 224, fue uno de los lugares de votación habilitados en Cuidad. Emilio, al igual que cada vez que iba a votar, preparó su boleta y caminó las cinco cuadras que hay desde su casa al Centro. Esta vez hizo todo una hora antes de lo habitual, "es la primera votación en pandemia, seguro hay cola", pensó.

Al llegar al lugar, seis filas ocupaban la calle y llegaban hasta la esquina. Se acercó a la entrada a preguntarle a un gendarme que controlaba la situación para saber dónde esperar. Levantó la mirada y leyó "los mayores de 70 años tienen prioridad". Sacó el celular y envió un audio: "hija, poné los ravioles, que en 15 minutos estoy volviendo".

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Votar en pandemia: una nueva era

Por Valentin Fabrichini

Y sí; todo cambió con la pandemia, las salidas, los trabajos, los protocolos, las juntas y también la forma de votar. Este nuevo formato de elecciones tuvo sus ventajas y desventajas. Empezando con las ventajas, podríamos decir que fue todo más prolijo y calmado. La gente actuaba de manera más "segura". 

Pero también hubo cosas negativas. Este nuevo formato de votación causó malestar en las personas ya que se tardaba más de lo normal. Las filas intensas que avanzaban lentamente. Las personas decían que demoraban una hora o más y esto en épocas normales no sucedía. Uno iba a la hora que quería y se marchaba rápido. Sobre este punto también hay que decir que las filas largas y las esperas posiblemente hayan afectado el número de votantes. Por este motivo mucha gente tal vez decidió no ir, para evitar perder más tiempo de lo esperado. 

¿Se quedará este nuevo formato?

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A votar con distancia

Por Santiago Celli

No fue un día más en la historia de la democracia argentina. Fue la primera votación en tiempos de pandemia que nos tocó atravesar. Mucho se habló en las semanas previas sobre cómo se iban a llevar a cabo estos comicios en el marco de los protocolos exigidos. Hasta que llegó el gran día. Por suerte fue una jornada en donde el sol y el buen tiempo estuvieron presentes en todo momento.

La gente estaba sonriente yendo a cada uno de sus establecimientos educativos a emitir su sufragio. En el colegio donde tuve la oportunidad de votar no se produjeron grandes filas. Se vio a la gran mayoría de las personas respetando el distanciamiento social, el uso en todo momento del tapabocas y hasta la utilización de sus propias lapiceras. Todo transitó en orden y sin ningún inconveniente. En definitiva fue un gran día para la democracia argentina en estos tiempos no ordinarios.

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Incumplimiento de obligaciones de las Autoridades de mesa

Por Angel Rodriguez

A pesar de estar en el contexto de una pandemia, la democracia prevaleció y en todo el país se llevaron a cabo las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. Hay una problemática que se repitió en diferentes centros de votación en todo el país y fue la tardía apertura de las mesas por un motivo puntual y que se expresaba de manera directa: “no hay presidente de mesa”.

El Comité Nacional Electoral, dictaminó que la votación debía iniciar, previa apertura de mesa, a las 08 horas del día 12 de septiembre del 2021, pero sin embargo, muchos ciudadanos debieron esperar para ejercer sus derechos. “Hubo poca asistencia de autoridades de mesa previamente designadas”, manifestó un vecino del conurbano bonaerense, quien agregó que no fue un caso aislado, dado que su esposa y compañeros de trabajo, tuvieron el mismo percance.

“Se tuvo que tomar de la fila del padrón electoral otro presidente de mesa que pueda sustituirlo”, haciendo referencia a la acción natural que se genera para reemplazar a la autoridad previamente designada. Además agregó que se levantó a las 07:30 horas para sufragar lo más temprano posible, dado que debía asistir a su trabajo.

Es difícil comprender los motivos por los que la Justicia Electoral no pudo adelantarse a la situación: las autoridades son notificadas con semanas de antelación y además deben asistir a una capacitación paga; y si se asiste el día del comicio, se le abona 2.500 $ en conceptos de viáticos.

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Una vivencia compartida

Por Alejandra Martínez

Se la veía un poco preocupada y algo angustiada, y si, faltaban quince minutos para que lleguen sus hijos con sus nietos a comer a casa y aun no había preparado el almuerzo. En su cabeza giraba, desde que se levantó, la misma idea, es mejor ir a votar de una sola vez y ya quedarme libre y tranquila.

Es que para Silvia, como para muchas personas de Perico, la política solo eran rostros sonrientes de personas que cada dos años le decían que su opinión era importante y le entregaban como si fuera el más preciado de los tesoros, un bolsón de mercadería que, con suerte, alcanzaba para preparar el almuerzo de un día. Y que hablar de los productos. “Se creen que porque una es pobre tiene que comer ese arroz desabrido y sin sabor” pensó. 

Recordaba la voz de su hermana Sandra que le decía “Vos aprovechá total en el cuarto oscuro votás a quien vos quieras”. Eso tampoco la tranquilizaba. Recordó a su abuelo Francisco diciéndole, para cambiar las cosas es necesario hacerlo desde adentro y pensó que quizás había llegado el momento.


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Pandemia en primera línea: encargados de mantenimiento eléctrico hospitalario



Por Federico Madeo y Pablo Silva. Siete de la mañana. Suena el handie. “Mantenimiento eléctrico, me copia”, implora la persona desde otro dispositivo de ondas electromagnéticas. El pasillo del cuarto piso, zona de unidad de terapia intensiva, se queda sin iluminación. Hay que salir al rescate. Pero no cualquier rescate. Por estos tiempos se le suma a la vestimenta oficial de trabajo, camisolines, barbijos N95, guantes, gorro para el cabello y todo material descartable para protegerse del coronavirus. 

El tablero seccional de piso tiene una falla en un interruptor termo magnético. Desde la otra punta del pasillo un doctor grita: “¿y? Para cuando vuelve la luz, también nos quedamos sin iluminación arriba de las camas”. La presión está latente. Un error. Una falla. Un “no sé qué pasó” puede costarle caro al equipo de trabajo de mantenimiento eléctrico. Luego de diez minutos de trabajar sobre el desperfecto y habiéndolo solucionado, el personal eléctrico se retira. Y tampoco es cualquier tipo de retiro. En la salida a la escalera principal, los espera un enfermero para ayudarlos a quitarse toda la protección anti coronavirus. Todo a parar a la basura de residuos patogénicos. Todo para prevenir un contagio comunitario con sus compañeros. Están en la primera línea, junto a los médicos y enfermeros. Son la otra cara del día a día en este Sanatorio recientemente inaugurado del barrio de Caballito. 

Sergio Sosa es el encargado de toda la plantilla de trabajadores eléctricos para el sanatorio. Son más de diez. Repartidos entre guardias diurnas y nocturnas. Si el virus no descansa ellos tampoco. “Tuvimos que reforzar las guardias porque no dábamos abasto, pero estoy orgulloso de mi grupo de trabajo. Somos un rubro que no es muy reconocido por la sociedad y por los medios, pero estamos ahí al pie del cañon”, remarca Sosa. Todo inconveniente eléctrico requiere de una celeridad extrema a la hora de solucionarlo. Sin alimentación eléctrica no funcionan ni la iluminación ni los tomacorrientes. Ni los poliductos de las unidades de terapia intensiva. Ni los quirófanos. Ni la sala de esterilización. Ni el laboratorio. Ni los equipamientos médicos como el tomógrafo o la sala de rayos X. Por suerte el Sanatorio cuenta con los equipamientos de emergencia como grupo electrógeno y UPS, que ante un corte de energía por la compañía prestadora del servicio están cubiertos. 

Horas del mediodía, del tan ansiado descanso para el almuerzo. Vuelve a sonar el handie con el bendito llamado al rescate. Una habitación doble del sexto piso, con internados por coronavirus, se queda sin alimentación en el tomacorriente que va enchufada la televisión. Sosa tiene que mandar a uno de sus “pollos” para solucionarlo. De vuelta la misma trama: llegada al piso, colocación de los elementos de protección, pero esta vez al estilo astronauta espacial. Hay que entrar a la zona de riesgo. De contacto estrecho con personas contagiadas. No había ninguna falla en el tomacorriente. Solamente mal enchufado. También deben lidiar con ese tipo de situaciones y arriesgarse de igual manera. 

“Para mí es un orgullo ser la cabeza de este grupo de chicos. Muchos con familia. Con obligaciones. Y vienen a poner el pecho, porque necesitan el mango y muchos porque creen que dar una mano ahora es clave”, acentúa Sergio Sosa. En el día a día se apoyan mutuamente. Son su propio sostén. Al comienzo de la pandemia había más temor que ahora. Pero los riesgos siguen estando presentes. Más sabiendo que existen los asintomáticos. Ya hubo contagios en el plantel eléctrico. Sin embargo, ahí siguen: a las siete de la mañana se cambian en la “covacha”, compartiendo algún mate cocido con pan casero y facturas. Y comienzan su día al compás del sonido del handie. Para que los médicos y enfermeros puedan hacer su trabajo. Para que ningún paciente se quede sin ningún servicio alimentado por la energía eléctrica. 

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La pandemia que paró la pelota del Ascenso

Por Martín Bugliavaz e Ignacio Lucero. Cuatro paredes. Una pantalla. La familia. Tres escenas que parecen totalmente inconexas cobran sentido cuando quienes las mencionan son futbolistas argentinos. Porque a pesar de que el mundo del deporte puede resultar poco prioritario al hablar del retorno a esa idílica normalidad, lo cierto es que no todos los que viven de la pelota son Messi. Y mucho menos si se habla de aquellos jugadores que militan en las últimas categorías del área metropolitana de la AFA: la Primera C y la Primera D.

La pandemia sustituyó el césped mojado por cerámicas y parquet y la frustración fue tal que Gabriel Ferro, defensor de Deportivo Merlo –que integra la Primera C–, celebró la autorización de las salidas recreativas. “Estuvimos más de cinco meses sin poder correr distancias largas”, contó, luego de explicar su acotado plan de entrenamiento, que consta de rutinas dictadas por el preparador físico a través de videollamadas y de los mencionados trotes al aire libre. 

En la misma sintonía se encuentra Lucas Scarnato, mediocampista que también juega en la C pero en Deportivo Laferrere, quien además suele contar con una particular compañera de ejercicios: su hija pequeña. “A veces está al lado mío, me copia y hace gimnasia”, confesó. Y no es un detalle menor, pues Scarnato aseguró que su presencia es “un gran sostén” en medio de una crisis que no sólo lo afecta en lo deportivo, sino también en lo económico.

En ese aspecto, la realidad golpeó a todos por igual y tanto Ferro como Scarnato sufrieron recortes de salario que debieron consensuar con sus clubes para poder afrontar la crisis.  “Hubo una quita del sueldo acorde al momento que estábamos pasando y la mayoría estuvimos de acuerdo en asumir esa determinación”, aseguró Scarnato, quien además relató cómo tuvo que equilibrar esa pérdida: “Estuve trabajando en la carnicería de mi viejo desde el mes que se decretó la cuarentena. Veía que venía para largo y sabía que en el club iba a ser muy difícil que nos pagaran, así que salí a laburar y hasta el día de hoy lo sigo haciendo”.

En el caso de la última división del fútbol argentino, la Primera D, las condiciones son todavía más preocupantes. Porque los futbolistas en esa categoría no son profesionales y sólo reciben un viático que puede llegar a los 10 mil pesos, lo que deriva en la búsqueda de un segundo trabajo que les permita sustentarse y a la vez seguir jugando.

Julio Gauna tiene 37 años, es el nueve de Deportivo Paraguayo y tiene una vasta trayectoria en la última categoría de la AFA, pero lejos está de ser un jugador económicamente asegurado. “Los dirigentes nos pagan como pueden”, señaló el goleador, quien además reconoció que el plantel sufrió un recorte en los salarios y, por ende, teme por su continuidad. “Los grandes la pasamos peor porque tenemos que mantener una familia”, remarcó, diferenciándose de aquellos compañeros jóvenes que pueden volver a vivir con sus padres ante el mal momento económico.

Debido a esta situación, durante estos meses Gauna cambió la pelota por, entre otras cosas, el rodillo y la lija. “Estuve de albañil, vendiendo ropa, alcohol etílico y ahora estoy despachando ropa y mercadería para distintas provincias”, confesó.

En Claypole las cosas pintan un poco mejor. Así lo revela el defensor Cristian Ordóñez, quien destacó el “gran esfuerzo de la empresa que patrocina el fútbol” para que no existiesen recortes ni retrasos en los viáticos. De todas formas, también decidió aprovechar los primeros meses de cuarentena para dar clases de inglés y así obtener un ingreso extra, algo que dejó de hacer cuando finalmente el club decidió retomar unos entrenamientos que no le resultan cómodos. “No es lo mismo entrenar en la cancha que en un lugar de 6 por 6”, lamentó.

La realidad indica que los futbolistas argentinos no compiten formalmente desde febrero y, en ese mismo lapso, tampoco tuvieron siquiera un ensayo formal de fútbol. Con ese panorama, los entrenamientos presenciales volverían a principios de octubre con la esperanza de que nadie se contagie para poder empezar de la mejor manera el torneo. Una esperanza que, a pesar de todas las idas y vueltas, los jugadores todavía no pierden.