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ENTRE LIBROS, MÚSICA Y MEMORIAS: LA FERIA DEL PARQUE RIVADVIA

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Por Joaquín Bahamonde. El sábado a la mañana decidí acercarme al Parque Rivadavia, ubicado en el barrio de Caballito, para poder conocer una feria con un gran peso cultural en la Capital Federal. Llegué temprano para disfrutar del sol y unos mates, y además para poder entrevistar con más tranquilidad a la gente.

Ubicada en el pasaje Beauchef, la feria resalta por su encanto y una amplia cantidad de locales con diferentes especializaciones, desde libros sobre música hasta policiales con suspenso. Recorrerla fue sin dudas lo mejor del día. Particularmente un local deportivo, con diferentes portadas de “El Gráfico”, hizo que le preste atención y estuve tentado a llevarme unas cuantas.

Día del lector en Argentina

Una de las entrevistadas me contó que a la tarde cerca de la noche se iban a juntar en el local 40 para celebrar el día del lector. Los 24 de agosto se festeja en Argentina, ya que es un homenaje al gran escritor Jorge Luis Borges, considerado por muchos uno de los más importantes de la historia. Es un día particular, en el que se intenta concientizar sobre la importancia de la lectura y sus incontables beneficios. 

Parque Rivadavia como símbolo cultural

Desde 1928, sus 6 hectáreas verdes hacen que sus visitantes respiren aire fresco, cultura y arte. El parque no solo cuenta con la feria que se conoce actualmente, desde sus inicios estuvo muy relacionada con la compra-venta.

Desde la década de 1980, los domingos por la mañana se vendían copias pirata de producciones discográficas y, al mismo tiempo, se ofrecían fanzines y discos de vinilo usados. Más productos se fueron sumando, hasta que en la crisis del 2001 se decidió enrejar el parque y no permitir vender más. Pero esta medida solo duró un año y desde ese momento, la feria no paró de crecer.

Dentro del parque hay un anfiteatro, donde los domingos se hacen obras gratuitas para los niños y entre 2011 y 2017 albergó la competencia de freestyle underground más importante del país y del mundo. El famoso Quinto Escalón, donde se dieron a conocer artistas como Duki, Ecko o Wos.

Entrevistas con Pablo y Lina: Una mirada en primera persona

Cerca del mediodía decidí comenzar a recorrer los locales para conocer a las personas que se dedican a vender libros. Y si bien tuve muchas respuestas negativas, Pablo y Lina hicieron que no me vaya con las manos vacías. El puesto de Pablo destacaba por el orden y la forma en que ofrecía sus libros, mientras que el de Lina llamaba la atención con tapas icónicas de la revista Rolling Stone.

Pablo, de 53 años, vestido con un buzo de Independiente y acompañado por su hijo, lleva tres décadas trabajando en la feria. Empezó con una simple mesita y con el tiempo fue viendo cómo el espacio atravesaba distintas etapas: primero como un lugar improvisado de venta ocasional, luego como un mercado más estable y finalmente con la forma que conocemos hoy. Vendía sobre todo literatura, aunque con los años fue ampliando la oferta a títulos de historia, psicología y ciencias sociales. Lo que más lo motiva es el amor por los libros y la lectura, mientras que lo que menos le gusta es la poca difusión que todavía tiene la feria: le gustaría que “se diera más a conocer”.

Lina, también de 53 años, atendía su puesto mientras de fondo sonaba Charly García. Su espacio se llama Café Literario, un nombre que conserva de la época en que vendía café en la calle, antes de dedicarse a los libros. Con más de dos décadas en la feria, atravesó los múltiples cambios que vivió el parque: desde los años en que los feriantes armaban y desarmaban caballetes cada día hasta la conquista de abrir todos los días de la semana. Recuerda intentos de desalojo e incluso un proyecto para construir una calle en el pasaje Beauchef, que nunca se concretó. Para ella, lo mejor de trabajar ahí es el contacto con los lectores, porque “por lo general tienen la mejor onda”. Lo que menos disfruta, es cuando aparece algún cliente que exige algo fuera de lugar, sin mirar lo que realmente ofrece su puesto.

Ambos coinciden en que la feria es mucho más que un espacio de compraventa: es un lugar de encuentro, de historias compartidas y de resistencia cultural.